Lucas describe este momento con una frase reveladora: ‘Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén’ (Lucas 9:51). No es un via je casual; es una decisión deliberada de dirigirse al lugar donde sabe que será entregado, juzgado y ejecutado.
En el camino, Jesús continúa enseñando y sanando, pero también anuncia repetidamente lo que le espera: ‘He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes... y le matarán; mas al tercer día resucitará’ (Mateo 20:18-19).
“Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”
Lucas 22:20Mientras Jesús habla de entrega y sufrimiento, sus discípulos discuten entre ellos quién será el más importante en su reino (Marcos 10:35-41). Jesús corrige directamente esa mentalidad: ‘El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor... como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos’ (Marcos 10:43-45).
Esta enseñanza no queda solo en palabras. En la última cena, Jesús se levanta, toma una toalla y una vasija, y lava los pies de sus discípulos, una tarea reservada normalmente a los sirvientes de más bajo rango (Juan 13:4-5). Su explicación es clara: ‘Os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis’ (Juan 13:15).
Al llegar a Jerusalén, Jesús entra montado en un asno, cumpliendo deliberadamente una profecía de Zacarías sobre un rey humilde (Mateo 21:4-5, citando Zacarías 9:9). Las multitudes lo reciben con palmas y gritos de ‘¡Hosanna!’, reconociendo en él al hijo de David esperado (Mateo 21:8-9).
Pero esa misma multitud, en pocos días, pedirá su crucifixión. La aclamación popular esperaba un rey que derrocara a Roma por la fuerza; no estaban preparados para un rey que entraría a su capital para morir por ellos.
Durante la cena de Pascua con sus discípulos —la misma fiesta que recordaba el rescate del éxodo, estudiada en el curso anterior— Jesús toma pan y vino, y les da un significado nuevo: ‘Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado... esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama’ (Lucas 22:19-20).
Con estas palabras, Jesús conecta explícitamente su muerte inminente con la Pascua del éxodo y con el ‘nuevo pacto’ que Jeremías había anunciado siglos antes (Jeremías 31:31, estudiado en la lección 11 del curso anterior). Todo lo que hemos venido siguiendo desde el Antiguo Testamento converge, esa noche, en una mesa.