La vida de Jesús en los cuatro Evangelios — Lección 8 de 10

El camino a Jerusalén: servicio, entrega y la última cena

16 min de lectura·Nivel intermedio

El rostro puesto hacia Jerusalén

Lucas describe este momento con una frase reveladora: ‘Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén’ (Lucas 9:51). No es un via je casual; es una decisión deliberada de dirigirse al lugar donde sabe que será entregado, juzgado y ejecutado.

En el camino, Jesús continúa enseñando y sanando, pero también anuncia repetidamente lo que le espera: ‘He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes... y le matarán; mas al tercer día resucitará’ (Mateo 20:18-19).

“Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”

Lucas 22:20

Grandeza redefinida como servicio

Mientras Jesús habla de entrega y sufrimiento, sus discípulos discuten entre ellos quién será el más importante en su reino (Marcos 10:35-41). Jesús corrige directamente esa mentalidad: ‘El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor... como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos’ (Marcos 10:43-45).

Esta enseñanza no queda solo en palabras. En la última cena, Jesús se levanta, toma una toalla y una vasija, y lava los pies de sus discípulos, una tarea reservada normalmente a los sirvientes de más bajo rango (Juan 13:4-5). Su explicación es clara: ‘Os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis’ (Juan 13:15).

La entrada triunfal, y una multitud que no entiende del todo

Al llegar a Jerusalén, Jesús entra montado en un asno, cumpliendo deliberadamente una profecía de Zacarías sobre un rey humilde (Mateo 21:4-5, citando Zacarías 9:9). Las multitudes lo reciben con palmas y gritos de ‘¡Hosanna!’, reconociendo en él al hijo de David esperado (Mateo 21:8-9).

Pero esa misma multitud, en pocos días, pedirá su crucifixión. La aclamación popular esperaba un rey que derrocara a Roma por la fuerza; no estaban preparados para un rey que entraría a su capital para morir por ellos.

La última cena: un nuevo pacto en su sangre

Durante la cena de Pascua con sus discípulos —la misma fiesta que recordaba el rescate del éxodo, estudiada en el curso anterior— Jesús toma pan y vino, y les da un significado nuevo: ‘Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado... esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama’ (Lucas 22:19-20).

Con estas palabras, Jesús conecta explícitamente su muerte inminente con la Pascua del éxodo y con el ‘nuevo pacto’ que Jeremías había anunciado siglos antes (Jeremías 31:31, estudiado en la lección 11 del curso anterior). Todo lo que hemos venido siguiendo desde el Antiguo Testamento converge, esa noche, en una mesa.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. Jesús redefine la grandeza como servicio, y lo demuestra lavando los pies de sus discípulos. ¿Cómo se compara esto con la forma en que sueles pensar en el éxito o la importancia?
  2. La multitud que aclama a Jesús al entrar a Jerusalén esperaba un tipo de rey distinto al que él vino a ser. ¿De qué formas podrías tú esperar hoy un ‘Jesús’ distinto al que realmente es?
  3. ¿Cómo cambia tu forma de pensar en la última cena saber que Jesús conectaba explícitamente su muerte con la Pascua del éxodo y el nuevo pacto de Jeremías?
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