La vida de Jesús en los cuatro Evangelios — Lección 7 de 10

¿Quién dices tú que soy yo?: la identidad de Jesús se revela

14 min de lectura·Nivel intermedio

Una pregunta que exige una respuesta personal

En Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos qué dice la gente sobre él, y recibe varias respuestas: algunos piensan que es Juan el Bautista, otros Elías, otros un profeta. Entonces hace la pregunta decisiva: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ (Mateo 16:13-15).

Pedro responde con una declaración directa: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’ (Mateo 16:16). Jesús confirma que esta verdad no le fue revelada por raciocinio humano, sino por el Padre mismo (Mateo 16:17): reconocer verdaderamente quién es Jesús no es solo cuestión de información, sino de revelación recibida con fe.

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

Mateo 16:16

El primer anuncio de la cruz

Inmediatamente después de esta confesión, Jesús empieza a hablar abiertamente, por primera vez, de lo que le espera: sufrimiento, rechazo por parte de los líderes religiosos, muerte, y resurrección al tercer día (Mateo 16:21). Pedro, que acababa de confesar correctamente quién era Jesús, reacciona reprendiéndolo, incapaz de aceptar la idea de un Mesías que sufre.

La respuesta de Jesús es dura: ‘Quítate de delante de mí, Satanás... porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres’ (Mateo 16:23). Incluso los discípulos más cercanos tenían que reajustar sus expectativas de lo que significaba ser el Mesías.

Un vistazo a la gloria: la transfiguración

Poco después, Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto, y ahí ‘se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol’ (Mateo 17:1-2). Moisés y Elías —representando la ley y los profetas, es decir, todo el Antiguo Testamento— aparecen convers ando con él.

Una nube los cubre, y de ella sale una voz: ‘Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd’ (Mateo 17:5), las mismas palabras del bautismo, ahora reforzadas con la orden de escucharlo. Por un momento, la gloria divina que normalmente permanecía velada en su humanidad se hace visible.

Una identidad que se revela poco a poco

Estos dos episodios —la confesión de Pedro y la transfiguración— marcan un punto de inflexión en los Evangelios: a partir de aquí, la narración se orienta cada vez más hacia Jerusalén y hacia la cruz. La identidad de Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, ya no es solo una enseñanza indirecta a través de parábolas y señales; empieza a declararse abiertamente, junto con lo que esa identidad costará.

Ese es exactamente el camino que recorreremos en las próximas lecciones: de Cesarea de Filipo a Jerusalén, y de Jerusalén a la cruz.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. Jesús hace la pregunta ‘¿quién decís que soy yo?’ de forma personal y directa. Si te la hiciera a ti hoy, ¿cómo responderías, con sinceridad?
  2. Pedro confiesa correctamente quién es Jesús, pero se resiste a aceptar que ese Mesías tendría que sufrir. ¿En qué áreas te cuesta a ti aceptar que seguir a Jesús puede incluir sufrimiento o costo?
  3. ¿Qué significado le encuentras a que Moisés y Elías —representando la ley y los profetas— aparezcan hablando con Jesús en la transfiguración?
← AnteriorLas parábolas: el reino contado en historias