Los cuatro Evangelios coinciden en presentar a Juan el Bautista como el mensajero anunciado por Malaquías (que estudiaste al cerrar el curso anterior), predicando arrepentimiento en el desierto y bautizando en el río Jordán (Marcos 1:2-4). Cuando Jesús llega a ser bautizado, Juan mismo duda: ‘Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ (Mateo 3:14).
Jesús insiste, no porque necesite arrepentirse, sino ‘para cumplir toda justicia’ (Mateo 3:15): identificándose voluntariamente con el pueblo al que vino a rescatar. En ese momento, los tres primeros Evangelios registran un hecho extraordinario: el Espíritu desciende como paloma, y una voz del cielo declara: ‘Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia’ (Mateo 3:16-17).
“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”
Marcos 1:15Inmediatamente después, el Espíritu lleva a Jesús al desierto, donde ayuna cuarenta días y es tentado por el diablo (Mateo 4:1-2). Las tres tentaciones —convertir piedras en pan, lanzarse del templo, y recibir los reinos del mundo a cambio de adoración— apuntan todas a lo mismo: usar su identidad y poder divino para su propio beneficio, atajando el camino de sufrimiento que le esperaba.
En cada caso, Jesús responde citando Deuteronomio, resistiendo donde Israel, en el desierto de la lección 8 del curso anterior, había fallado repetidamente. Donde el primer Adán cayó en un jardín de abundancia, este ‘nuevo Adán’ permanece fiel en un desierto de escasez.
Después de la tentación, Jesús comienza a llamar discípulos. Junto al mar de Galilea, ve a Simón (después llamado Pedro) y a su hermano Andrés echando la red, y les dice: ‘Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres’. El relato es directo: ‘Ellos, dejando al instante las redes, le siguieron’ (Mateo 4:18-20).
Lo mismo sucede con Santiago y Juan, y después con otros. No hay un proceso largo de convencimiento registrado; hay una autoridad en el llamado de Jesús que provoca una respuesta inmediata y costosa: dejar el negocio familiar, la seguridad conocida, para seguirlo.
Marcos resume el mensaje con el que Jesús inicia su predicación pública: ‘El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio’ (Marcos 1:15). Esta frase —reino de Dios— será el tema central de casi todas sus enseñanzas, y es el eje de la próxima lección.
El bautismo, la tentación superada y el llamado a los primeros discípulos forman, juntos, la puerta de entrada al ministerio público de Jesús: identificado con su pueblo, probado y fiel, y ya reuniendo a quienes lo acompañarán.