Lucas cuenta que el ángel Gabriel se aparece a María, una joven comprometida con José, con un anuncio desconcertante: concebirá un hijo sin haber estado con varón, por obra del Espíritu Santo (Lucas 1:26-35). Su respuesta, en medio de la confusión natural, es de sumisión: ‘Hágase conmigo conforme a tu palabra’ (Lucas 1:38).
Mateo, por su parte, señala que este nacimiento cumple una profecía de Isaías: ‘He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel’, que significa ‘Dios con nosotros’ (Mateo 1:22-23, citando Isaías 7:14). El nombre mismo ya anuncia lo que este niño será.
“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”
Mateo 1:23A pesar de tratarse del cumplimiento de siglos de promesas, Jesús nace en las circunstancias más humildes: un pesebre en Belén, porque no había lugar en el mesón (Lucas 2:6-7). Los primeros en recibir la noticia no son líderes religiosos ni políticos, sino pastores, gente común trabajando de noche, a quienes un ángel anuncia: ‘os ha nacido hoy... un Salvador, que es Cristo el Señor’ (Lucas 2:8-11).
Mateo, en cambio, registra la visita de sabios de oriente, guiados por una estrella, que llegan a adorar al niño con regalos de gran valor (Mateo 2:1-11). Desde el principio, este nacimiento atrae tanto a los más sencillos como a los más lejanos.
El nacimiento de Jesús también provoca una reacción violenta: el rey Herodes, sintiéndose amenazado por el anuncio de un nuevo ‘rey de los judíos’, ordena matar a todos los niños varón de Belén menores de dos años (Mateo 2:16). José, advertido en un sueño, huye con María y el niño a Egipto hasta la muerte de Herodes (Mateo 2:13-15).
Este episodio recuerda deliberadamente la historia de Israel: así como el pueblo de Dios salió de Egipto en el éxodo, ahora el propio Hijo de Dios regresa de Egipto, repitiendo en su propia vida la historia de su pueblo.
Lo que estos relatos afirman, sin rodeos, es algo que ninguna otra religión antigua se atrevió a proponer: que el Dios eterno y santo del Antiguo Testamento se hizo bebé, dependiente, vulnerable, nacido en la pobreza. Juan lo resume así: ‘Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros’ (Juan 1:14, ya citado en ‘Fundamentos de la fe’).
Esta no es una historia de un héroe que asciende hasta la divinidad; es la historia de Dios mismo que desciende hasta nosotros. Todo lo que sigue en este curso —sus enseñanzas, sus milagros, su muerte— solo tiene sentido pleno a la luz de esta primera afirmación.