Fundamentos de la fe — Lección 4 de 8

La promesa de un Rescatador

16 min de lectura·Nivel principiante

La primera promesa, en medio del juicio

Incluso cuando Dios pronuncia las consecuencias del pecado en Génesis 3, deja caer una promesa dirigida a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).

Es la primera pista de toda la Biblia de que alguien, nacido de una mujer, un día derrotará definitivamente el mal, aunque le cueste sufrimiento hacerlo. Los cristianos han llamado a este versículo el ‘protoevangelio’: el primer anuncio de las buenas noticias.

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.”

Lucas 24:27

Un pueblo, una familia, una promesa que se repite

Esa promesa no queda suelta. Dios la retoma con Abraham: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3). Más adelante, en Éxodo, un cordero sin defecto muere para que la muerte ‘pase de largo’ sobre las casas marcadas con su sangre (Éxodo 12:13): una imagen que la Biblia usará después para describir a Jesús mismo.

Con el rey David, la promesa se vuelve aún más específica: Dios le asegura que de su descendencia se levantará un rey cuyo trono ‘será estable para siempre’ (2 Samuel 7:12-13).

Los profetas afinan el retrato

Con el paso de los siglos, los profetas van añadiendo detalles al retrato de este Rescatador prometido. Isaías anuncia un niño que será llamado ‘Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz’ (Isaías 9:6), y también describe a un ‘Siervo’ que será ‘herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados’, cargando el castigo que trae nuestra paz (Isaías 53:5).

El Salmo 22 describe con un detalle asombroso el sufrimiento de alguien cuyas manos y pies son traspasados, mientras otros se reparten sus vestidos (Salmos 22:16-18), siglos antes de que la crucifixión existiera como forma de ejecución conocida en Israel.

Un solo hilo, una sola historia

Leídos por separado, estos pasajes parecen fragmentos sueltos: una promesa a una pareja, un cordero, un rey, un siervo que sufre. Pero leídos juntos forman un solo hilo que atraviesa toda la Biblia y que, según el Nuevo Testamento, converge en una sola persona.

Después de su resurrección, Jesús camina con dos de sus discípulos y, ‘comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían’ (Lucas 24:27). Esa es exactamente la forma en que este sitio quiere ayudarte a leer la Biblia: no como libros sueltos, sino como una sola historia que apunta a Cristo.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. De las promesas mencionadas —Génesis 3:15, el cordero de la Pascua, el rey prometido a David, el Siervo de Isaías—, ¿cuál te resulta más nueva o sorprendente?
  2. ¿Por qué crees que Dios eligió preparar esta promesa poco a poco, a lo largo de tantos siglos, en vez de enviar al Rescatador de inmediato?
  3. ¿Cómo cambia tu forma de leer el Antiguo Testamento saber que, según Jesús mismo, todo apunta hacia él?
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