Es común escuchar que Jesús fue ‘un gran maestro moral’, comparable a otros líderes religiosos de la historia. Pero eso no coincide con lo que él mismo afirmó sobre sí. Jesús no se presentó solo como alguien que enseñaba el camino a Dios; dijo ser ‘el camino, y la verdad, y la vida’, y que nadie llega al Padre sino por él (Juan 14:6).
Un maestro moral corriente no diría algo así. O Jesús decía la verdad sobre sí mismo, o estaba profundamente equivocado, o engañaba a quienes lo escuchaban. Lo que no parece sostenerse, a la luz de sus propias palabras, es la idea de que fue simplemente ‘un buen maestro’ y nada más.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Juan 1:1,14El evangelio de Juan abre con una de las afirmaciones más directas de toda la Biblia sobre la identidad de Jesús: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:1,14).
Jesús perdona pecados (Marcos 2:5-7, algo que sus oyentes reconocen que solo Dios puede hacer), recibe adoración sin corregirla (Juan 20:28), y declara abiertamente: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). No se presentó como un mensajero de Dios; se presentó como Dios mismo, presente entre su pueblo.
Al mismo tiempo, los evangelios no dejan duda de su humanidad real. Nació de una mujer (Lucas 2:7), tuvo hambre (Mateo 4:2), se cansó (Juan 4:6), lloró ante la tumba de un amigo (Juan 11:35), y experimentó una angustia real antes de su muerte (Lucas 22:44).
Esta doble realidad —plenamente Dios y plenamente hombre, sin dejar de ser ninguna de las dos— es difícil de comprender del todo, y los cristianos de toda tradición la han confesado como un misterio central de la fe, no como una contradicción a resolver con fórmulas simples.
Esto no es un detalle técnico para teólogos. Si Jesús fuera solo Dios y no realmente humano, no podría representar de verdad a la humanidad ni morir como nosotros morimos. Si fuera solo un hombre extraordinario y no Dios, su muerte sería la de una persona más, sin capacidad de cargar el peso del pecado de otros.
El resto de este curso solo tiene sentido si esta doble identidad es real: alguien plenamente humano para representarnos, y plenamente Dios para poder rescatarnos.