El Antiguo Testamento en una línea — Lección 12 de 12

El exilio, el regreso, y la promesa que sigue abierta

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Setenta años lejos de casa

Tras la caída de Jerusalén, buena parte del pueblo de Judá es llevado cautivo a Babilonia. Es un tiempo de duelo profundo: ‘Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión’ (Salmos 137:1). Y sin embargo, incluso en el exilio, Dios sigue hablando: a través de Jeremías les envía instrucciones sorprendentes —edificar casas, plantar huertos, buscar la paz de la ciudad donde viven— junto con una promesa: ‘Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros... pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis’ (Jeremías 29:5-7,11).

Daniel, uno de los ex iliados, permanece fiel a Dios en medio de una corte pagana, incluso a riesgo de su vida (Daniel 1, 3, 6), mostrando que la fidelidad seguía siendo posible aun lejos de la tierra y el templo.

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Jeremías 29:11

El regreso, y un templo que no impresiona

Tal como los profetas habían anunciado, el exilio no duró para siempre. Cuando Persia conquista Babilonia, el rey Ciro permite que los judíos regresen a su tierra y reconstruyan el templo (Esdras 1:1-4). El regreso es real, pero modesto: cuando se coloca el fundamento del nuevo templo, algunos ancianos que habían visto el templo original lloran, porque este es visiblemente menor (Esdras 3:12).

Nehemías lidera después la reconstrucción de los muros de Jerusalén en medio de fuerte oposición (Nehemías 4, 6), y Esdras conduce una renovación espiritual centrada en la lectura pública de la ley (Nehemías 8). Es un nuevo comienzo, pero uno visiblemente incompleto: no hay rey de la línea de David en el trono, y la gloria visible de Dios que llenaba el templo de Salomón no se describe regresando de la misma manera.

Un Antiguo Testamento que termina con las manos abiertas

Los últimos libros profeticos, como Malaquías, cierran el Antiguo Testamento sin resolver la tensión central que hemos seguido en las doce lecciones de este curso: la promesa de tierra, descendencia y bendición a Abraham; el pacto de un reino eterno a David; el anuncio de un nuevo pacto por medio de Jeremías.

Malaquías termina con una promesa final, dirigida hacia adelante: Dios enviará a un mensajero para ‘preparar el camino’ antes de ‘el día grande y terrible de Jehová’ (Malaquías 3:1; 4:5-6). Y después de esas palabras, el Antiguo Testamento simplemente... se detiene. Ningún profeta habla durante los siguientes cuatro siglos.

El hilo que sigue tejiéndose

Si has hecho el curso ‘Fundamentos de la fe’, ya conoces cómo termina esta espera: con el nacimiento de Jesús de Nazaret, presentado por el Nuevo Testamento como el cumplimiento de cada uno de estos hilos que hemos seguido. ‘Hijo de David’ (Mateo 1:1), ‘pascua nuestra’ (1 Corintios 5:7), sumo sacerdote definitivo que no necesita repetir su sacrificio (Hebreos 10:12), y mediador del nuevo pacto anunciado por Jeremías (Hebreos 8:6-13, citando directamente Jeremías 31).

El Antiguo Testamento no es, entonces, una colección de historias antiguas sin relación con nosotros. Es la primera mitad de una sola historia que, según la fe cristiana, encuentra su resolución en Cristo, y que sigue abierta hoy para cualquiera que decida entrar en ella.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. El Antiguo Testamento termina sin resolver del todo sus propias promesas: sin rey, sin la gloria visible del templo, con la voz profética en silencio. ¿Cómo cambia leer así el final del Antiguo Testamento tu forma de entender por qué el Nuevo Testamento empieza como empieza?
  2. De los tres hilos que identificamos en la lección 1 —tierra, descendencia, bendición—, ¿cuál sientes que entendiste mejor a lo largo de este curso, y cuál te gustaría seguir explorando?
  3. Después de recorrer estas doce lecciones, ¿cómo resumirías, con tus propias palabras, la línea completa del Antiguo Testamento en dos o tres frases?
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