Juan abre su Evangelio con una de las frases más densas de todo el Nuevo Testamento: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1). En una sola oración, Juan hace tres afirmaciones cuidadosamente distintas: el Verbo existía desde antes del principio; el Verbo estaba en relación con Dios, como una persona distinta; y el Verbo mismo era Dios.
La tercera afirmación es la que más discusión genera, porque en griego —el idioma original del Nuevo Testamento— la construcción gramatical de esa frase tiene un detalle que vale la pena entender, sin necesidad de saber griego para seguirlo.
Fíjate en dos frases cortas dentro del versículo. La segunda dice "pros tón theón" —"con el Dios" (Dios lleva artículo, "el"), refiriéndose claramente al Padre. La tercera dice "theós ên ho lógos" —literalmente "Dios era el Verbo"—, pero aquí la palabra "Dios" (theós) aparece sin artículo, y además al principio de la frase, antes del verbo.
Algunas traducciones minoritarias —como la Traducción del Nuevo Mundo, usada por los testigos de Jehová— vierten esta última frase como "el Verbo era un dios", sugiriendo una divinidad de segunda categoría. Pero esto no coincide con cómo funciona realmente la gramática griega.
En griego, cuando un sustantivo que funciona como predicado (la parte que describe al sujeto) se coloca antes del verbo, es común que pierda el artículo, sin que esto lo convierta en indefinido. Los especialistas en gramática griega del Nuevo Testamento explican que esta construcción, colocando "theós" al inicio y sin artículo, funciona como una descripción de naturaleza o cualidad: no dice "el Verbo era el Dios" (lo cual lo confundiría con el Padre mismo, borrando la distinción que el propio versículo acaba de establecer), pero tampoco dice "el Verbo era un dios" (una divinidad menor o de otra clase). Dice, en esencia, que el Verbo comparte plenamente la naturaleza divina, siendo a la vez una persona distinta del Padre.
Lo notable es que Juan tenía a su disposición otras formas de escribir esta frase si hubiera querido decir algo distinto. Pudo haber escrito "ho lógos ên theíos" ("el Verbo era divino" o "parecido a Dios", usando un adjetivo distinto, theíos, disponible en griego), lo cual habría sugerido una divinidad de calidad inferior. En cambio, eligió theós, el mismo sustantivo que usa para referirse al Padre unas palabras antes, aplicándolo directamente al Verbo.
Esta construcción cuidadosa logra sostener, en una sola frase, algo que el resto del Nuevo Testamento confirma una y otra vez: que el Padre y el Hijo son personas distintas —no se confunden entre sí— y que, al mismo tiempo, el Hijo comparte plenamente la naturaleza y la identidad divina del Padre. No es una contradicción; es la misma verdad que ya viste en la lección 5 de "Fundamentos de la fe": Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
JUAN 1:1Juan no deja esta afirmación aislada. Pocos versículos después, escribe: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14), identificando explícitamente a este Verbo divino con Jesús de Nazaret. Y cierra la introducción con una frase que refuerza la misma idea desde otro ángulo: "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). El propio capítulo, leído de principio a fin, no dejaba lugar a dudas sobre lo que Juan quería comunicar.
La identidad de Jesús como plenamente Dios y plenamente hombre se estudia con más detalle en la lección 5 de "Fundamentos de la fe", y su nacimiento como "Dios con nosotros" en la lección 2 de "La vida de Jesús en los cuatro Evangelios".