Fundamentos de la fe — Lección 8 de 8

¿Cómo respondo?

13 min de lectura·Nivel principiante

No basta con saber

Hasta ahora este curso ha sido, sobre todo, informativo: quién es Dios, quiénes somos, qué salió mal, quién es Jesús, qué logró en la cruz y en la resurrección. Pero la Biblia es clara en que conocer estos hechos no es lo mismo que responder a ellos.

“Porque de corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). La fe bíblica no es solo aceptar información correcta; es confiar la propia vida a lo que esa información dice que es verdad.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él.”

Apocalipsis 3:20

Dos movimientos: arrepentimiento y fe

La respuesta que la Biblia pide tiene dos partes inseparables. La primera es el arrepentimiento: reconocer honestamente que hemos vivido apuntando en una dirección distinta a la de Dios (como vimos en la lección 3), y decidir cambiar de rumbo.

La segunda es la fe: confiar en que lo que Jesús hizo en la cruz y en la resurrección es suficiente para restaurar la relación con Dios, no por méritos propios. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

Una invitación abierta, no una fórmula mágica

No hay una oración exacta ni una fórmula de palabras que ‘active’ algo automáticamente. Lo que importa es lo real de la decisión del corazón. Jesús mismo lo describe con una imagen sencilla: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré” (Apocalipsis 3:20).

Si sientes que esto describe dónde estás, puedes hablar con Dios ahora mismo, en tus propias palabras: reconociendo que has vivido lejos de él, y confiando en lo que Jesús hizo por ti. No hace falta que sea elocuente. Dios mira el corazón, no el vocabulario.

Los primeros pasos después de hoy

Seguir a Jesús no fue diseñado para vivirse en soledad ni solo dentro de una pantalla. Algunos pasos concretos para las próximas semanas:

— Lee un poco de la Biblia cada día; el Evangelio de Juan es un buen lugar para empezar a conocer a Jesús de primera mano.

— Habla con Dios con honestidad, como hablarías con alguien de confianza; eso es, en esencia, la oración.

— Busca una comunidad de cristianos cerca de ti —una iglesia local— donde puedas aprender, hacer preguntas y no caminar solo. Este sitio puede acompañarte, pero no reemplaza a una comunidad real.

Este curso termina aquí, pero la historia que has estado leyendo —la de Dios buscando restaurar lo que se rompió— sigue abierta, y te incluye a ti.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. Después de estas ocho lecciones, ¿cómo describirías hoy tu relación con lo que has leído: curiosidad, duda, convicción, algo distinto?
  2. La lección distingue entre ‘saber’ y ‘responder’. ¿Hay algún paso concreto —una oración honesta, buscar una iglesia, hablar con alguien de confianza— que sientas que te toca dar ahora?
  3. ¿Qué lección de este curso te gustaría volver a leer o profundizar más adelante?
← AnteriorLa resurrección: la tumba vacía