El apóstol Pablo es sorprendentemente directo sobre esto: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). No dice que la fe cristiana sería ‘un poco más débil’ sin la resurrección; dice que sería vacía, sin contenido real.
Esto distingue a Jesús de cualquier otro líder religioso o moral de la historia. Nadie construye su mensaje sobre la afirmación de que su fundador sigue físicamente vivo después de haber muerto, excepto el cristianismo.
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”
1 Corintios 15:14Los cuatro evangelios coinciden en lo esencial: al tercer día, un grupo de mujeres encuentra la tumba de Jesús vacía (Mateo 28:1-6; Marcos 16:1-6; Lucas 24:1-6; Juan 20:1-8). No hay cuerpo, y ángeles anuncian que ha resucitado.
Después de esto, los relatos describen varias apariciones de Jesús vivo: a María Magdalena, a los discípulos reunidos, a dos hombres en el camino a Emaús, y en una ocasión a más de quinientas personas a la vez, la mayoría de las cuales, según Pablo, seguían vivas cuando él escribió (1 Corintios 15:6).
Vale la pena notar algo histórico: los mismos discípulos que, la noche de la crucifixión, estaban escondidos por miedo (Juan 20:19), pocas semanas después predicaban abiertamente en las calles de Jerusalén que habían visto a Jesús resucitado, aun sabiendo que eso les costaría persecución y, en varios casos, la vida.
Personas pueden morir por una mentira que creen verdadera. Es mucho más difícil explicar por qué tantos estarían dispuestos a sufrir y morir por algo que ellos mismos sabían que habían inventado.
La resurrección no es solo la confirmación de que Jesús volvió a la vida; es la evidencia de que su muerte realmente logró lo que prometía. Si la muerte no pudo retenerlo, entonces su sacrificio fue aceptado y su victoria sobre el pecado y la muerte es real, no simbólica.
Y hay una promesa más, dirigida a quienes confían en él: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19). La esperanza cristiana no es solo perdón para esta vida, sino una vida que la muerte ya no puede interrumpir.