Fundamentos de la fe — Lección 1 de 8

¿Quién es Dios?

14 min de lectura·Nivel principiante

El punto de partida no somos nosotros

Es tentador empezar cualquier conversación de fe hablando de nuestras necesidades: qué nos falta, qué buscamos, qué sentimos. Pero la Biblia empieza en otro lugar. Su primer versículo no dice nada sobre el ser humano; habla de Dios.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Antes de que exista una sola persona para preguntarse por el sentido de la vida, ya hay un Dios que actúa, que habla, que crea. Entender quién es él no es un tema aparte de nuestra vida: es el fundamento sobre el que todo lo demás se sostiene.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Juan 3:16

Un Dios que existe por sí mismo

Cuando Moisés le pregunta a Dios su nombre en el desierto, la respuesta es sorprendentemente simple y profunda: “YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14). Dios no depende de nada ni de nadie para existir. No fue creado, no tuvo un origen, no necesita que nadie lo sostenga.

Esto lo distingue de todo lo demás que conocemos. Los árboles, las personas, los planetas: todo lo que existe tuvo un principio y depende de algo fuera de sí mismo para seguir existiendo. Dios es la única excepción. Es la base de la realidad, no una parte más de ella.

Santo: distinto, no solo bueno

La palabra que la Biblia usa con más frecuencia para describir a Dios no es “amoroso” ni “poderoso”, aunque ambas son ciertas. Es “santo”. Cuando el profeta Isaías tiene una visión de Dios, lo que escucha es a seres celestiales repitiendo: “Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:3).

Santo significa apartado, único en su clase, sin mezcla de mal. No es simplemente que Dios sea “muy bueno” en comparación con nosotros; es que su naturaleza es de un orden completamente distinto. Esta es la razón por la que, en la Biblia, encontrarse con Dios nunca es una experiencia casual: provoca asombro y, muchas veces, temor.

Personal, no una fuerza distante

A pesar de su grandeza, la Biblia no presenta a Dios como una energía impersonal o un principio abstracto. Habla, escucha, promete, se relaciona. Le habla a Adán en el hu erto, hace un pacto con Abraham, escucha el clamor de un pueblo esclavo en Egipto.

Y desde el principio, aunque Dios es uno, se revela en más de una manera: en Génesis 1:26 dice “hagamos al hombre”, y más adelante Jesús mismo enseña a bautizar “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). No es tema para resolver en la primera lección, pero conviene señalarlo desde ahora: el Dios de la Biblia no es una figura solitaria y lejana, sino uno que existe en relación, y que busca relación con nosotros.

Para reflexionar

Antes de seguir a la próxima lección

  1. Si tuvieras que describir a Dios con tus propias palabras antes de esta lección, ¿qué habrías dicho? ¿En qué se parece o se diferencia de lo que acabas de leer?
  2. ¿Qué cambia en la forma de vivir el día a día si Dios es realmente santo y, al mismo tiempo, personal?
  3. Lee Génesis 1:1 y Éxodo 3:14 en voz alta. ¿Qué te llama más la atención de cada uno?
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